• LIC. FRANCISCO MEJÍA MATA

EL INICIO DE LOS PANTEONES EN AMECA


Posterior a la llegada de los españoles a estas tierras por ellos conquistadas y colonizadas, también arribaron diversas órdenes religiosas para evangelizar a los naturales, como lo señalan tratados históricos y cronistas de aquellas épocas.

En la etapa colonial al edificar templos y conventos se establecieron en sus atrios camposantos para dar sepultura a quienes por diversas causas fallecían en la localidad. Los indígenas y castas pobres eran sepultados en sus casas o en secciones aledañas a los atrios de las parroquias o capillas.

Se establecieron los hospitales de indios a finales del siglo XV y principios del XVII por ordenanza real, se desconoce la fecha exacta de la erección del Hospital de Indios de Ameca, el cual se edificó en lo que ahora es el templo de “La Conchita” en el que a su alrededor se sepultaba a pobres y forasteros sin familiares.

Después de creado el Estado de Jalisco en 1929, su gobierno decretó que en las localidades de importancia se estableciera en terrenos alejados del área céntrica urbana el cementerio general para toda la población, este cementerio se erigió en el entonces pueblo de Ameca en su parte norte, en lo que hoy ocupa lugar el panteón “Recinto de la Paz, que en otros tiempos el pueblo le decía “el panteón viejo”, con objeto de no continuar la práctica antigua de enterrar en el interior del atrio de los templos a las personas que fallecieron que tuvieran familias pudientes o que fueran jerarcas de la iglesia. Asimismo se suspendió la inhumación para pobres y forasteros en el camposanto ubicado en los costados de “La Concepción” o “La Conchita”.

El nuevo y primer cementerio ostentó en su perímetro en gran parte del siglo XIX un lienzo de piedra, en 1882 se le construyeron sus bardas altas y de ladrillo que aún conserva, así como su pórtico neoclásico sencillo. La manufactura y la instalación del cancel fue ordenado por el ayuntamiento de 1889.

En el año de 1908 el panteón ya estaba saturado, por muchos años y hasta 1923 fecha en la que fue clausurado, el rico hacendado Don Jesús Uribe, dueño de la Hacienda Blanca y otras grandes extensiones al norte de Ameca, se hizo cargo de su mantenimiento y conservación, sufragando para tal fin amplios gastos, hasta su muerte años después.

El abandono por parte de algunas autoridades municipales en otros tiempos y de algunos propietarios de gavetas en el “Panteón viejo”, pues desde 1910 ya estaba en funciones el del otro lade de las vías del FF.CC., trajo como consecuencia el maltrato, saqueo y destrucción de tumbas, muchas de ellas de finura excepcional con los nombres y fechas de los difuntos ahí sepultados, de mármoles de diversos colores, todo fue desprendido por personas sin escrúpulos.

El ayuntamiento de 1986-1988 realizó los trámites ante el Congreso del Estado para que fuera utilizado de nuevo como cementerio, y que a la fecha también se encuentra sin espacio alguno para su compra por parte de quien lo requiera.

Continuará...