• Paco Ruben Rguez. Velasco

#TeamÁrbitros


¿Y ustedes? ¿De qué lado estuvieron? ¿A quién le recordaron cariñosamente a su amada madre, a su querida vieja? ¿Respaldaron (a costa de su aburrimiento) a los hombres de negro (o rosita mexicano, verde mayate o lo que se le ocurra a la FMF) o pusieron la fotografía de Aguilar a un lado de su San Cuauhtémoc de cabeza? ¿Creen que ahora siga una huelga de aficionados hasta que los árbitros hagan dignamente su trabajo? (Dice César Ramos que mi columna provocará penal a favor de…).

De cualquier manera, estuvimos obligados a hablar del tema en lo que pareció ser uno de los fines de semana más largos que se recuerden, y no, no de los buenos, no de esos de llenar el auto o la camioneta “ensardinados" para salir aventurados en puentes que conducen sin remedio a la playa más cercana o a ver a la Virgen del Rosario de Talpa (según sea el caso), festejando al buen Benito, a la bandera, o vaya usted a saber quién sabe a qué, con eso de que ya recorren los festivos ya ni lo recuerdo. El punto es que a este fin de semana no lo salvaban ni los mejores memes de Joselitros (memista local oficial desde 1993).

Y me siento obligado a compartir mi punto de vista resumido brevísimamente (porque sí, hasta a mí me generaría cierta pereza leerlo todo), punto de vista por el cual, desde hoy y hasta que ustedes nos lo permitan, agradezco a La Nota la oportunidad de compartir.

Como en varios temas que acontecen en este caótico país, a diferencia de lo que se ve claramente desde hace años en redes sociales, creo que lo menos importante en sucesos como este sería encontrar a quién crucificar o pontificar, quién es el nuevo salvador y quién nos está llevando al carajo. No, no todo tiene que ser rojo o azul, si le buscamos y estamos dispuestos a analizar podemos encontrar en los hechos un morado distinto del cual todos podemos aprender.

En ese sentido, ¿qué le podemos aprender a los árbitros sin importar si estamos a favor o en contra? Aterricemos un poco, volvamos a nuestro bonito Ameca y hagamos un sencillo ejercicio: ¿Cuántos carnavales llevas quejándote? Más en concreto, ¿cuántos estados de “indignación” compartiste en las redes sociales en los últimos dos años porque te sentiste con derecho a juzgar lo que aconteció alrededor de los cómputos de reinas? ¿Y después? ¿Con cuánto gusto te pusiste tus wrangler, limpiaste tus establo, abotonaste la cuadrada y te fuiste a escuchar a ese artista que ya habías escuchado el año pasado mientras le entregabas tu dinero a puños a aquellos que atacaste tan ferozmente?.