• REDACCIÓN LA NOTA

¿Qué dijo?


¡Qué onda wey! ¡Que pe…!, quizá le suene un poco fuerte el inicio de esta nota, pero no debería ser así, pues a diario escuchamos frases incluso más fuertes, y porque no decirlo, groseras entre los niños, jóvenes y adolescentes.

Cada década es marcada por algo en especial, ya sea la ropa, música, accesorios, colores, tendencias y justo ahí viene el tema de hoy: el lenguaje en los niños, adolescentes y jóvenes. Platicando con dos personas mayores, una de 65 años y otra de 48, ambas coincidieron que cada vez los niños están más despiertos y los adultos más “alcahuetes”, pues permiten que los menores hagan, deshagan y digan cuanto se les antoja, que no es del todo cierto pues algunos padres si reprenden a sus hijos por su forma de hablar, pero en el momento de estar entre “compas” el comportamiento cambia completamente y se vuelve tan natural decir cuanta palabra altisonante se ocurra, mencionando más de tres en cada frase. Por otro lado, se ha vuelto tan común escucharlos que muchas veces ya ni enfrente de los adultos se comportan. El señor Agustín nos comenta: “cuando era adolescente empezó la curiosidad por decir una que otra mala palabra, pero mis papás me soltaban una bofetada si la decía enfrente de ellos o de algún adulto, en ese entonces se tenía respeto a los mayores, no que ahora pasa uno por un lado y no se contienen en gritar sus peladencias”

Un adolescente nos platicó de cómo se sentía al hablar de manera tan coloquial: “es chido para mí porque me relaja y me siento libre, fuerte, me siento ching…”

Lo que hace surgir la pregunta ¿Es tan fuerte la cultura de este lenguaje que nos está rebasando y veremos como normal que en cualquier lugar de cualquier índole o situación nos lleguemos a comunicar con malas palabras, dejando atrás los valores del respeto, la educación, la cordialidad y la amabilidad?

Tú ¿qué opinas? ¿qué haces para fomentar o propiciar esa forma de comunicación?